reclamar los gastos de hipoteca

¿Merece la pena reclamar los gastos de hipoteca? | Guía Completa

Si has llegado hasta aquí, probablemente te ronda una idea muy concreta: “me cobraron un dineral al firmar la hipoteca… ¿puedo recuperarlo?” Y la pregunta del millón (nunca mejor dicho): ¿merece la pena reclamar los gastos de hipoteca?

Mi respuesta, sin rodeos, es: muchas veces sí… pero no siempre, y no en cualquier condición. La clave no es “si se puede”, sino si te compensa por importe, plazo y prueba. Y ahí es donde la mayoría se pierde, porque entre notaría, registro, gestoría y siglas varias, uno acaba con la misma cara que cuando abre la primera factura del banco: esa mezcla de sorpresa y resignación.

Para ponértelo fácil, voy a explicarlo como me gustaría que me lo explicaran a mí: claro, práctico y con los pies en el suelo. Y si quieres profundizar en el enfoque legal y el proceso típico de reclamación, tienes una guía útil en la propia web del despacho en Massone Abogados (te lo dejo ya porque luego siempre pasa: “lo miro después” y después es 2029).

Antes de seguir, un matiz importante: aquí hablo de gastos de formalización (los costes de firmar y registrar la hipoteca), no de “gastos mensuales” tipo seguros o comisiones de mantenimiento.

Lo primero: qué son “los gastos de hipoteca” y por qué se reclaman

Cuando firmaste la hipoteca, es probable que pagaras varios conceptos asociados a la operación. Algunos eran inevitables (la burocracia también come), pero durante años muchos bancos trasladaron casi todo al cliente con cláusulas que los tribunales han considerado abusivas en múltiples casos. La discusión jurídica ha ido afinándose con el tiempo y, además, Europa ha puesto orden sobre cuándo puedes reclamar la devolución (la restitución) aunque la nulidad de la cláusula no prescriba. Esto último se ha comentado bastante a raíz de decisiones del TJUE y su encaje en España, y medios como El País lo explicaron con detalle en su cobertura sobre los límites temporales para reclamar. Puedes verlo aquí: la justicia europea y el plazo para reclamar gastos hipotecarios.

¿Y qué gastos suelen estar en el radar?

  • Notaría (escritura del préstamo hipotecario).

  • Registro de la Propiedad (inscripción de la hipoteca).

  • Gestoría (si fue impuesta por el banco).

  • Tasación (en ciertos escenarios, especialmente si fue exigida/gestionada por la entidad).

  • Impuestos: aquí hay mucha confusión, porque no siempre aplica igual según fechas y normativa.

Para entender el “mapa” de los gastos asociados a una hipoteca (y qué es cada cosa), me gusta apoyarme en fuentes institucionales. El Banco de España tiene una explicación bastante didáctica sobre costes y comisiones vinculadas a préstamos hipotecarios: gastos asociados a la hipoteca (Banco de España).

Ahora viene lo práctico: reclamar merece la pena cuando se cumplen tres condiciones a la vez:

  1. Hay importe recuperable real (no “me suena que pagué cosas”).

  2. Tienes documentación o puedes conseguirla.

  3. No estás fuera de plazo o, al menos, hay argumentos para defender que el cómputo no empezó cuando tú crees.

Y sí: esto último es donde el banco suele intentar jugar al despiste… con bastante talento, todo hay que decirlo.

Cuánto dinero puedes recuperar: hagamos números sin magia

Cuando alguien me pregunta si merece la pena reclamar los gastos de hipoteca, yo siempre devuelvo otra pregunta: “¿de cuánto estamos hablando?”. Porque no es lo mismo reclamar 250 € que 1.800 €. (Ambas cosas son dinero, sí, pero la paciencia humana tiene precio).

En la práctica, lo que suele marcar la diferencia es esto:

  • Fecha de firma (no es un detalle romántico: cambia el reparto de gastos y el enfoque).

  • Qué pagaste realmente (facturas en mano, no “me suena”).

  • Si hubo gestoría impuesta y/o tasación “dirigida”.

  • Cuántas operaciones hubo: hipoteca inicial, novación, subrogación… cada una puede traer gastos.

Para orientarnos, te pongo un ejemplo típico (muy típico) de una hipoteca firmada hace años en España:

  • Notaría: 400–900 €

  • Registro: 200–450 €

  • Gestoría: 250–400 €

  • Tasación: 250–500 €

Total aproximado: 1.100–2.250 € (sí, también me duele solo de leerlo).

¿Significa eso que te devuelven todo? No necesariamente. Muchas reclamaciones se mueven en un rango razonable de varios cientos a más de mil euros, y a veces suman intereses. Por eso, si me preguntas “¿merece la pena?”, mi respuesta suele ser: si el potencial recuperable supera claramente los costes y el esfuerzo, yo lo reclamaría.

Mi consejo práctico aquí es simple: haz un mini inventario documental antes de ilusionarte.

Checklist exprés (sin dramas):

  • Escritura del préstamo hipotecario (donde aparece la cláusula de gastos).

  • Facturas de notaría, registro, gestoría y tasación.

  • Justificantes de pago (transferencias/cargos).

  • Si no tienes algo: se puede pedir duplicado (notaría/registro/gestoría/Hacienda).

De hecho, en el propio blog del despacho explican bastante bien la parte operativa y la documentación necesaria para arrancar la reclamación: cómo reclamar los gastos de formalización de la hipoteca al banco. (Lo enlazo porque es el típico “luego lo busco” que acaba en “¿dónde lo vi?”).

Plazos, riesgos y “cuando no compensa”: la parte que nadie quiere leer… pero yo sí

Ahora viene la parte menos sexy: los plazos. Aquí es donde muchas reclamaciones ganan o se caen, no por falta de razón, sino por estrategia o por tiempo. Y ojo, porque hay una diferencia que conviene tener muy clara:

  • Una cosa es la nulidad de la cláusula (que, en términos generales, se discute como abusiva).

  • Otra cosa es la acción para pedir la devolución del dinero (restitución), donde los tribunales han ido acotando el debate del “cuándo empieza a contar el plazo”.

¿Y en qué casos yo diría “para, respira y calcula”?

  1. Si el importe recuperable es bajo y los costes (o el tiempo) lo superan.

  2. Si no hay documentación y recuperarla va a ser una odisea (aunque muchas veces se consigue, pero hay que valorarlo).

  3. Si el caso tiene un encaje dudoso por la fecha, por quién pagó qué, o por particularidades (por ejemplo, operaciones complejas o con varios intervinientes).

Y luego están los riesgos “humanos”:

  • Te responderán con una negativa estándar (clásico).

  • Intentarán ofrecerte un acuerdo a la baja.

  • Y puede haber tiempos de espera si toca vía judicial (la justicia va como va: a veces firme, a veces en modo tortuga con café).

Aun así, si hay cantidades relevantes, mi postura es bastante clara: la reclamación extrajudicial suele ser el primer paso sensato. Te coloca en el tablero, deja rastro y, si la entidad no cede, ya decides si escalar.

Dicho de forma simple y con un toque de realidad: reclamar gastos de hipoteca es como ir al gimnasio: el primer día es duro, pero si lo haces bien, se nota. Y no, no se te pone “cuerpo de abogado” automáticamente.

Cómo reclamar paso a paso 

Si yo tuviera que hacerlo hoy, seguiría este orden. No porque sea el único posible, sino porque es el que minimiza el “me marean” y maximiza el “esto avanza”.

1) Reúno papeles y cuantifico la reclamación

Antes de escribir al banco, hago un cálculo realista. Nada de “aprox.” si se puede evitar.

  • Localizo la escritura del préstamo hipotecario (donde suele estar la cláusula de gastos).

  • Junto facturas y justificantes de pago.

  • Si falta algo, pido copia:

    • Notaría (copias/facturas).

    • Registro (nota/factura).

    • Tasadora (factura/encargo).

    • Gestoría (factura y desglose).

Aquí un detalle que mucha gente no sabe: a veces la gestoría la “elige” el banco, pero quien la paga eres tú. Ese matiz, en reclamaciones, importa más de lo que parece.

2) Presento reclamación extrajudicial

Yo empezaría por una reclamación formal (por escrito) al Servicio de Atención al Cliente del banco, con:

  • Identificación del préstamo (fecha, número si lo tienes).

  • Explicación breve: cláusula de gastos, importes abonados, solicitud de devolución.

  • Documentos adjuntos.

  • Petición clara: devolución + intereses (si procede).

  • Plazo razonable para responder.

Frase clave que yo llevaría tatuada (metafóricamente): “Lo que no queda por escrito, no existe”.
Porque cuando llega el “yo le llamé” vs “eso aquí no consta”, adivina quién gana.

3) Si contestan “no”, decido si compensa escalar

Aquí es donde entra el cálculo frío:

  • ¿Cuánto recupero?

  • ¿Qué probabilidad real hay de éxito?

  • ¿Coste del proceso (tiempo, tasas, abogado/procurador si toca)?

  • ¿Te merece más la pena un acuerdo o ir a sentencia?

Yo no demonizo un acuerdo si es decente. Lo que no haría es aceptar el típico “te devolvemos 200 € y nos firmes que renuncias a todo lo demás”. Eso es como vender tu bici para comprar un candado.

Errores comunes al reclamar 

He visto reclamaciones que podrían ir bien… y se estropean por fallos evitables. Te dejo los más frecuentes:

  • No pedir copia de facturas y reclamar “a ojo”.

  • Confundir conceptos: gastos de hipoteca no es lo mismo que comisiones o seguros.

  • Mandar un email sin acuse y luego no poder probar nada.

  • No revisar la fecha de firma y usar argumentos que no encajan con tu caso.

  • Firmar acuerdos con renuncias amplias sin entender el alcance.

  • Reclamar solo un gasto (por ejemplo, notaría) cuando hay más partidas viables.

Casos especiales: cuando la hipoteca no es “la típica” (y ahí es donde suele estar el dinero)

Hay reclamaciones de gastos de hipoteca que son como una receta de tortilla: claras, rápidas y con pocos ingredientes. Pero otras vienen con “extra de cebolla”, doble vuelta y una sartén que ya venía rayada. Te cuento los escenarios que yo revisaría con lupa porque cambian mucho el enfoque:

Si hiciste una novación (cambio de condiciones)

A veces renegociaste tipo de interés, plazo, o condiciones… y el banco aprovechó para colarte otra ronda de gastos (gestoría, notaría, registro). En ese caso, yo no miraría solo la hipoteca “original”, sino todas las operaciones posteriores: lo que se paga en cada modificación también puede ser reclamable si fue impuesto o mal repartido.

Si hubo subrogación (te cambiaste de banco o te subrogaste en la hipoteca de otro)

Aquí suele haber dos posibilidades:

  • Te subrogaste en la hipoteca del promotor/vendedor (muy típico en obra nueva).

  • Te cambiaste de banco (subrogación de acreedor).

En ambos casos, lo que yo haría es separar: gastos de compraventa vs gastos del préstamo hipotecario. Porque mucha gente reclama “todo lo que pagó ese día” y el banco se agarra a esa confusión como a un salvavidas.

Si la hipoteca ya está cancelada

Cancelar la hipoteca no “borra” el pasado. Lo que sí puede cambiar es el debate de plazos (y por eso aquí conviene hilar fino). Si estás en este escenario, yo no tiraría la toalla a la primera: que esté cancelada no significa automáticamente que no se pueda reclamar; significa que hay que hacerlo con cabeza y estrategia.

Si eres autónomo o firmaste “como empresa”

Este matiz puede ser decisivo. Muchas reclamaciones se apoyan en la protección al consumidor. Si firmaste como sociedad, o la finalidad era claramente profesional, puede cambiar la película. No digo que sea imposible, digo que no es el mismo partido.

Y si te apetece empaparte de más temas bancarios relacionados (IRPH, hipotecas, etc.), en la sección de contenidos del despacho tienes bastante material para orientarte: Blog de Massone Abogados.

Cómo escoger la mejor vía: acuerdo, demanda o “mejor no me meto”

Aquí me gusta ser brutalmente honesto: no existe una única “mejor” opción. Existe la mejor opción para tu caso.

Cuándo a mí me suele cuadrar intentar un acuerdo

  • El banco está dispuesto a devolver una cantidad razonable sin renuncias raras.

  • El importe está claro y bien documentado.

  • Quieres cerrar el tema rápido y seguir con tu vida (que también cuenta).

Pero ojo: hay acuerdos que suenan bien hasta que lees la letra pequeña. Si te piden renunciar a futuras acciones de forma amplia, yo me lo pensaría dos veces. A veces ese “extra” que te quitan hoy es el “extra” que podrías reclamar mañana.

Cuándo me plantearía demandar

  • Negativa sistemática o silencio.

  • Ofertas ridículas (las típicas que te hacen dudar de si el banco te está troleando).

  • Cantidades relevantes que compensan el esfuerzo.

  • Caso con buen encaje (cláusula, pagos, y cronología bien atados).

Cuándo quizá no compensa (y no pasa nada)

  • Importe bajo y documentación imposible de recuperar.

  • Caso muy dudoso por quién firmó, cómo firmó y para qué finalidad.

  • Falta total de pruebas de pago.

Conclusión: ¿merece la pena reclamar los gastos de hipoteca?

Si me lo preguntas a mí, sí merece la pena reclamar los gastos de hipoteca cuando hay tres cosas claras: importe suficiente, documentación mínimamente recuperable y un encaje razonable según fechas y circunstancias. En esos casos, reclamar no es “buscar lío”, es pedir que te devuelvan algo que pagaste por una cláusula que puede considerarse abusiva… y eso, sinceramente, es más higiene financiera que capricho.

Ahora bien: también te diría que no caigas en el “modo automático” de reclamar por inercia. Si el importe es bajo, si no hay pruebas y conseguirlas es un viacrucis, o si tu caso tiene particularidades que lo complican (empresa, operaciones raras, renuncias previas…), entonces lo inteligente es hacer números antes de hacer cartas. Porque el objetivo no es ganar una batalla épica contra tu banco (aunque sería bonito), sino recuperar dinero con sentido.

Mi recomendación final es muy simple: recopila tus facturas, cuantifica lo pagado y valora la estrategia (reclamación extrajudicial, negociación o vía judicial) como quien planifica un viaje: con mapa, no con intuición. Y, si algo te chirría, no te la juegues firmando acuerdos “rápidos” con renuncias amplias: esos son el equivalente jurídico a “acepto cookies” sin leer… pero con resaca.

Si hay dinero recuperable y el caso está bien armado, yo reclamaría. Y si no, al menos te quedas con la tranquilidad de haberlo decidido con criterio (que ya es bastante en un mundo donde firmamos hipotecas con bolígrafo y fe).

 

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